|
|
| La pesca de la trucha |
Tanto la pesca como la caza han sido, desde que el hombre
existe, medios para la obtención de alimento. Hasta hace bien
poco esto ha sido así. La Naturaleza le ha brindado al hombre
el recurso de la pesca de forma generosa, regenerándose
de manera natural la riqueza piscícola.
La trucha ha sido y es uno de los peces más apreciados tanto
desde el punto de visto gastronómico como deportiva. En León
la pesca de la trucha, y su comercialización, ha sido la fuente
de ingresos de muchas familias. Hace unas décadas los ríos
poseían una gran densidad de truchas, por lo que esta forma
de vivir no suponía ningún menoscabo para el río. Pero los
tiempos cambian, y hoy los ríos sufren muchos problemas que
hacen que la comercialización de la trucha haya desaparecido.
La contaminación, la presión por parte de los cada vez más
nuemrosos pescadores, los caudales irregulares y el inoportuno
furtivismo son preocupantes motivos que llevan a los
pescadores a tomar una postura más conservacionista y deportiva
respecto a la pesca.
La pesca de la trucha es una pasión que enfrenta la astucia
del pescador frente a la del pez. Cuando llegamos al río
nos integramos dentro del entorno y pasamos a formar parte de
él. Una atenta observación nos dará la pista para conocer
los hábitos y querencias de la trucha. Esta es nuestra gran
baza para ofrecerle a la pintona una imitación de su menú.
No solo debemos imitar el insecto que la trucha está comiendo,
sino también su presentación y evolución por el agua.
Aún así, los días en los que la trucha nos da una lección
de humildad son numerosos. Hasta el pescador más experto
siente a veces esa impotencia al ver como la trucha hace caso
omiso inexplicablemente de sus perfectas imitaciones. Eso es
lo que hace tan especial y adictivo el desafío de la pesca de
la trucha.
|
|
| Gallos, plumas y moscas |
La pesca con mosca, la importancia de la pluma, las imitaciones,
las alas, la observacion, las epocas, las eclosiones.
La pesca con mosca se basa en la imitación de los insectos
naturales que constituyen la dieta de la trucha. El ciclo
de vida de la mayoría de estos insectos pasa por una fase
acuática para tras una metamorfosis pasar a ser insectos
alados. La trucha come estos insectos en todas sus
diferentes fases.
El pescador lleva sus cajas repletas de imitaciones de ninfas,
emergentes, secas y ahogadas para cubrir cubrir en la medida
de lo posible las necesidades de la jornada de pesca. En León
la pesca con ahogada es la que más tradición tiene. Hay
verdaderos artistas manejando las "cuerdas" por corrientes
y remansos. La confección de estas ahogadas es todo un arte
y los artesanos leoneses cuentan con la mejor materia prima
para la confección de estas pequeñas obras de arte, los gallos
de León.
De la riñonada de estos gallos se obtienen las incomparables
plumas tan famosas en todo el mundo. Por más que lo han
intentado, nadie ha conseguido tanta calidad en los gallos
criados fuera de la comarca del Curueño. Mucho se ha hablado
de las características de este microclima que hace que las
plumas de León tengan una rigidez, brillantez y colorido sin
igual.
Los gallos de León se dividen en dos grupos principales, los
pardos y los indios, y estos a su vez en diversas variedades.
El artesano montador utiliza cada una de estas variedades para
imitar las alas de las moscas. Dependiendo de la especie del
insecto y su fase de madurez el colorido de las alas puede
ser blanco, gris, transparente, amarillento, rojizo, etc.
Además la "penca" de las plumas pardas imita las nerviaciones
que algunas alas puedan tener.
La eclosión de diferentes insectos en las distintas épocas
del año obliga al pescador a utilizar unas moscas ahogadas
determinadas para cada mes. Por eso los montadores dividen
sus colecciones de ahogadas en: moscas de principios de
temporada, moscas de verano, etc. Nombres como "cardenal",
"pardón", "butano", "tabaco", "oliva", etc. son habituales
en las conversaciones entre pescadores.
|
|
|